CONCIERTO PARA LAS CÉLULAS

Las células de nuestro cuerpo son sensibles al sonido que nos llega del exterior hasta tal punto que cuando asistimos a una sesión de cuencos de cristal de cuarzo, a un concierto de rock, de jazz, o de lo que sea, los sonidos que nos envuelven quedan registrados y producen unos efectos u otros. Una forma de manipulación invisible lo mismo que ocurre con las músicas de muchas tiendas y locales de comida rápida, que nos incitan a consumir. Ahora, sí hablamos de sonidos terapéuticos, los cuencos ya sean de cuarzo o tibetanos, nos regalan unos bucles sonoros sorprendentes que armonizan y sanan nuestro cuerpo.

Los cuencos de cristal de cuarzo son vasijas circulares hechas de cristal de cuarzo al 99.99 % de pureza, que al tocarlos emiten un sonido con una vibración de frecuencia muy alta que sentimos como unas ligeras cosquillas. Cada cuenco, dependiendo de su tamaño, está asociado con una nota musical que a su vez produce un tipo de vibración que armoniza y devuelve la energía correspondiente a cada chacra o centro energético del cuerpo.

Cada célula y cada órgano vibran a una determinada frecuencia. Un órgano está sano cuando su frecuencia vibratoria está en armonía con el resto del cuerpo, pero cuando esa frecuencia se altera, se rompe el equilibrio y aparece lo que llamamos ‘enfermedad’.

La vibración de los cuencos resuena y armoniza la estructura cristalina presente en nuestro esqueleto, a la vez que en los billones de células de nuestro cuerpo compuestas, entre otros elementos, por cuatro moléculas de silicio. Recordemos que la composición del cuarzo es silicio y oxígeno en la proporción de 1×2, es decir SiO2.

Si tenemos la oportunidad de asistir a una sesión con esta terapia de sonido es posible que nos sintamos envueltos en tirabuzones líquidos y circulares que nos llevan a un estado meditativo al tiempo que penetran y liberan las toxinas almacenadas, por eso se recomienda beber mucha agua después. La gente que experimenta los efectos de los cuencos de cuarzo describe su experiencia como una gran relajación física y mental, sensación de flotar, bienestar, plenitud.

cuencos de cuarzo

Los cristales de cuarzo pueden vibrar u oscilar de una forma regular y tienen una estructura molecular interna en espiral muy similar a la del ADN. Producen una onda sinusoidal pura y crean un sonido multidireccional que se expande incluso hasta un kilómetro de distancia y que dura varios minutos antes de extinguirse.

“El sonido parece que va a un oído, luego al otro, luego detrás, más tarde parece que viene del suelo. ¡Es un sonido envolvente natural!”, dice Gaudry Normand, uno de los pioneros en esta terapia.

El doctor Mitchell L. Gaynor, prestigioso oncólogo norteamericano, quien propuso un nuevo paradigma para una medicina más holística en su libro The Sounds of Healing, cita en primer lugar el uso de los «cuencos de cristal y otros instrumentos en intervenciones en grupo para pacientes con enfermedades potencialmente mortales o crónicas, tanto para el desarrollo psicoespiritual como para la sincronización fisiológica».

De hecho, si ponemos un poco de agua en un cuenco y activamos su sonido se pueden observar figuras geométricas en el agua. Dada la enorme resonancia del cuenco, al aumentar su intensidad el agua “salta” literalmente varios palmos por encima del cuenco por efecto de la vibración como si estuviera en un estado efervescente. Esto nos da una idea del efecto que producen estos instrumentos en el cuerpo, que como sabemos está formado en más de un 70% por agua.

En este sentido el doctor Jeffrey Thompson, director del Centro de Investigaciones Neuroacústicas en el Instituto de Ciencias Humanas de California, afirma que “si el sonido viaja cinco veces mejor por el agua que por el aire, la estimulación en el cuerpo de la frecuencia sonora es una forma muy eficaz de estimulación corporal total, sobre todo a nivel celular. El estímulo directo del tejido celular vivo, utilizando la vibración de la frecuencia de sonido, ha mostrado una activación del metabolismo celular, y con ello la posible movilización de una respuesta celular de curación”.

Por el principio de resonancia, base de toda terapia que se realiza con sonido, los cuencos de cuarzo producen una armonización entre su vibración y la de la persona. Por medio del sonido es posible cambiar los ritmos de nuestras ondas cerebrales, así como el latido de nuestro corazón y nuestra respiración. A esto se le conoce como el principio de «resonancia forzada» e implica la capacidad de hacer vibrar los átomos y reorganizarlos en una estructura cristalina más fuerte y ordenada, es decir, más armónica y sana.

Sabemos que las diferentes longitudes de onda cerebrales se relacionan con diferentes estados de conciencia. Que sepamos existen cuatro categorías básicas de ondas cerebrales expresadas en ciclos por segundo (hercios o Hz). Las ondas beta (de 14 a 20 Hz) son las que se encuentran en nuestro estado normal de conciencia, despiertos. Las ondas alfa (de 8 a 13 Hz) son las de los estados de ensoñación y relajación profunda. Las ondas zeta (de 4 a 7 Hz) son las presentes en estados de meditación profunda y sueño. Las ondas delta (de 0.5 a 3 Hz) son las del sueño profundo y se han encontrado en estados de meditación y de sanación muy profundos.

Así, las ondas de sonido producidas por los cuencos de cuarzo tienen un poder que traspasa barreras conceptuales. En palabras del doctor Gaynor, “el sonido puede guiarnos, como un láser, al centro mismo de nuestra esencia, a la realización más alta de un espíritu y un cuerpo sanos.»

Imagen de Penny Century