De los caballos como maestros

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«La sensación de ver el mundo a lomos de un caballo es muy reconfortante, te hace sentirte fuerte, seguro y capaz” dice Fanny Jecktadt Borchert, responsable de la granja de caballos ‘Tara’, en El Roque (Cotillo-Fuerteventura). Ofrece experiencias únicas como un paseo a caballo por la playa al atardecer, clases de equitación, o tratamientos de equinoterapia para niños.

“Llevar un animal tan grande, tan fuerte, te da mucha confianza en ti mismo”

Se puede decir que Fanny Jecktadt Borchert ha realizado un sueño que acariciaba desde pequeña, cuando comenzó su relación con los caballos: abrir su propia granja y ofrecer una visión distinta del mundo, la que se ve a lomos de un animal más alto que nosotros, los humanos.

¿De dónde surge tu amor por los caballos?

Soy de Hamburgo y empecé con 5 años a tratar con los caballos, primero con uno del vecino, y luego tuve mi primer caballo con 9 años; siempre he estado en el mundo del caballo, trabajando con ellos, era mi sueño. Vivo en Fuerteventura desde hace 27 años. La primera vez, con 15, vine con mis padres de vacaciones y me enamoré de la isla, de su magnetismo, sentí como si hubiera llegado a casa. Estuve trabajando en un picadero en torno a 10 años, y la gente me contaba cuando había un caballo con problemas de salud.

“De los caballos se dice que son como los delfines: se pueden comunicar sin palabras”

¿Y la granja ‘Tara’?

Con la granja ‘Tara’ todo surgió porque encontré un caballo un poquito abandonado y desnutrido, luego compré uno, luego compré otro, y con los años me encontré con ocho caballos, por eso busqué un lugar para ellos y para mí; tardé más de cinco años en encontrar este sitio, bastante grande y cerca de la costa para poder hacer excursiones en un paisaje increíble. ¡Y los turistas, encantados!

¿Por qué eliges Fuerteventura para vivir?

Vivo aquí hace 27 años. La primera vez vine con mis padres de vacaciones , con 15 años, y me enamoré de la isla, de su magnetismo, sentí como si hubiera llegado a casa. Cuando decidí vivir aquí trabajé en un picadero unos 10 años, y la gente me contaba cuando había un caballo en problemas de salud.

– ¿Es muy difícil montar a caballo? ¿Lo puede hacer cualquier persona aunque no haya montado nunca?

– Como todos los deportes, sólo hay que pensar que son dos realidades las que se unen, cada una habla su idioma, y las dos juntas tienen que buscar un idioma común. Y sí, cualquier persona puede montar a caballo siempre, van monitoras con ellos…La única contraindicación para montar es la epilepsia, y también si tienen una articulación fijada con clavos o fijación metálica, o se está tomando fuerte medicación.

“El campamento de los niños indios es una convivencia con actividades como el tiro al arco, montar ponys o caballos, plantar, y estar en contacto con la naturaleza”

– Cuéntame de las excursiones a caballo por la playa

– Proponemos un paseo a caballo por el acantilado de Cotillo, es muy bonito porque se ve la puesta de sol, e incluye bebidas y tapitas, la gente se queda alucinada. Está oferta está abierta todos los días; ahora salimos de la granja sobre las seis de la tarde, vamos variando la hora de salida según va anocheciendo.

– ¿Cómo se ve la vida a lomos de un caballo?

Tienes una visión mucho más amplia. Además, el ritmo del caballo te da una sensación muy meditativa, te da mucha paz, y como dicen muchos la felicidad está a lomos de un caballo. Vinieron una familia del Tibet a montar y el padre que era budista le decía a los niños que se conectaran con el caballo con los ojos cerrados para sentir al caballo como si los dos fueran uno, sintiendo al caballo y su pelo suavecito. ¡Fue una experiencia muy especial!  Sin embargo, hay gente que se sube al caballo como si fuera una moto o una bici cuando en realidad es el caballo quien te cuida a ti, nota que no sabes, y se preocupa de ti.

– Háblame de la equinoterapia, ¿en qué consiste?

– Muchos niños están muy protegidos, y eso está muy bien, pero con la monta terapéutica, llevar un animal tan grande, tan fuerte, te da mucha confianza en ti mismo, y eso es lo que necesitan, un deporte con el que expresarse al lado de un amigo peludo y grande.

– La hipoterapia también es otro campo que exploráis…

– Forma parte de la equinoterapia y está pensada para niños que tienen problemas de psicomotricidad y desarrollo, por eso su monta es pasiva. El niño sólo tiene que ponerse encima del caballo, la terapeuta se sienta detrás, y es el el paso tridimensional del caballo el que hace la terapia, ya que el patrón de marcha es igual que el de nuestros pies. Cuando no puedes caminar por un problema de columna, o una parálisis, el caballo hace este movimiento con la pelvis y el niño conecta con el movimiento del caballo, tiene la sensación de que se está moviendo, y eso para el cerebro también es muy importante para aprender a caminar. Esta terapia está teniendo mucho éxito con problemas musculares y cerebrales, en casos de síndrome de Down, autismo, síndrome de Burnout. También hacemos gimnasia encima del caballo, ejercicios que trabajan sobre la coordinación de todo el cuerpo.

– Trabajáis desde la comunicación compasiva, ¿qué me puedes contar?

– Proponemos la comunicación compasiva, una forma de comunicar las emociones para descubrir las necesidades de cada uno, conocer cómo te sientes, o como se siente tu amigo, y qué se puede hacer.

¿Qué es lo que se trabaja en este campo?

Sobre todo con los niños un aspecto que trabajamos son las emociones negativas a través de la respiración; se puede sentir rabia, envidia, enfado, pero eso no es malo, lo único que tenemos que aprender es a aceptar este sentimiento, abrazarlo y dejarlo ir. Ahora son chiquititos, pero cuando tengan doce o trece años, en la pubertad, si no saben andar con los sentimientos negativos tienen doble trabajo, por eso hay tantos suicidios entre los jóvenes.

“Los caballos son maestros en el vivir ahora y aquí, viven el presente sin poner atención ni en el pasado ni en el futuro, y eso me hace trabajar mucho conmigo misma”

– Los caballos son animales muy inteligentes, ¿cómo se comunican con las personas?

– Se dice que son como los delfines, que se pueden comunicar sin palabras porque tienen mucha sensibilidad. Si andas desde niño con un caballo, lo primero que tienes es mucho respeto, aprendes a controlar tus sentimientos porque si te cabreas no puedes pegarle.  El caballo mismo es el fisioterapeuta y el educador.

– ¿Qué te han enseñado los caballos?

– Los caballos son maestros en el vivir ahora y aquí, viven el presente sin poner atención ni en el pasado ni en el futuro, y eso me hace trabajar mucho conmigo misma. Sobre todo me han enseñado paciencia y aceptación. Es preciso buscar caminos nuevos, dejar que cada uno viva sus ilusiones, cambiar los viejos patrones mentales, abrir nuestra conciencia, y despertar las ganas de vivir.