¡Felicidades por estar vivos!

Desde aquí les felicito a todos ustedes por estar vivos, por seguir respirando este bendito aire que nos regala oxígeno y prana para nuestro cuerpito serrano, en este intenso proceso de sanación de nosotros mismos y de nuestra madre Tierra Gaia que empezó allá por los años 80’. Todos Somos Uno, y en la medida en que uno sana, sanamos todos, ya no hay donde esconderse, ni de nosotros mismos ni del colectivo que nos rodea, nos toca aceptarnos completa y absolutamente con amor, perdón y compasión por nosotros mismos, sin repoches, sin críticas, sin juicios. Gaia es sabia y sabe como sacudirse para volver a reinventarse, ya ha vivido otras veces este proceso de regeneración, pero nosotros los humanos, nunca en nuestra historia nos habíamos enfrentado a unos retos tan grandes como los que hemos elegido vivir en este tiempo.

Ahora más que nunca cobra fuerza la frase de que lo único que permanece es el cambio, en verdad no sabemos lo que va a pasar mañana, la incertidumbre se cierne sobre nosotros como una fina capa de cemento que nos emplasta allá donde estemos, y aún y todo seguimos vivos, respiramos, somos testigos de esta pura magia que es nuestra respiración, el entrar y salir del aliento.

Y con cada aliento vamos conectándonos con nuestro corazón, con nuestro verdadero Ser, con nuestra esencia divina para poner el foco en la maravilla de seres humanos que somos hechos de puro amor, pura alegría, pura gratitud, pura belleza, pura abundancia.

Sin embargo, muchas veces cuando nos despertamos por la mañana ponemos el foco en el agobio que nos causa los millones de cosas que tenemos que hacer, en todos los no se, en todos los no puedo, en todos los no valgo, o en las dificultades que nos van a surgir a lo largo del día, de manera que estos pensamientos ya nos bajaron nuestra frecuencia vibratoria del despertar.

Cuando estamos aquí es porque lo hemos elegido aunque ahora no tengamos las respuestas, yo tampoco, así que lo mejor es disfrutar del momento presente sin ninguna expectativa, escuchar a nuestro corazón, vivir el aquí y el ahora, sintiendo como entra el aire fresco por nuestra nariz y sale caliente por nuestra nariz o boca. ¡Celebremos el regalo de la vida!