MUÉRETE DE RISA Y VIVIRÁS MEJOR

Sonreír no solo cambia la expresión de la cara, sino que pone en marcha la producción de endorfinas, esas maravillosas hormonas que nos hacen ver el mundo color de rosa. Y la verdad es que cuando te ríes, te sientes muchísimo mejor, y si es a carcajadas el beneficio es múltiple: has activado un mecanismo corporal que implica hasta a 47 músculos. 

Riéte, hablamos en serio.

Observa cómo tus labios se distienden, cómo se van formando las arrugas de expresión en torno a la boca, y conforme se va abriendo paso una tímida sonrisa, tus ojos se vuelven más pequeños y las patas de gallo –si es que las tienes– más profundas. Te estás mirando al espejo y al final terminas riendo tú solo. Es la pura observación del gesto y del proceso muscular, aunque la sonrisa sea fingida y  todo sea por el placer de experimentar.

Otra cosa muy distinta es la sonrisa o risa natural en las que no está muy claro cuántos músculos intervienen, -depende de la intensidad-, unos dicen que los protagonistas son 17 músculos cerca de los extremos de la boca, aunque en las bolsas de papel de Natura aseguren que son sólo 13. (Es una Publi). Otros aseguran que cada sonrisa pone en acción 47 músculos faciales que estimulan el hipotálamo cerebral que a su vez responde con la secreción de endorfinas que, entre otras cosas, aumentan las defensas orgánicas y nos hacen sentir mejor.

El neurólogo Guillaume Duchenne analizó por primera vez los músculos faciales en 1862, y determinó que una sonrisa falsa sólo involucra a los músculos de la boca y labios, ¿se referiría a La Mona Lisa?, mientras que una sonrisa amplia y sincera activa los músculos que rodean a los ojos. Ya en el siglo XX, el psicólogo Paul Ekman acuña el término Sonrisa Duchenne y señala la diferencia con una sonrisa verdadera.
Si nos reímos es porque algo nos resulta divertido, en ese momento somos felices, pero ¿cómo se mide la felicidad?

El psiquiatra Luis Rojas Marcos cree en el instinto de la felicidad, y según su teoría tenemos un mecanismo genético que protege nuestro estado de ánimo. ¿Están nuestros genes predeterminados para ser o no ser felices? La satisfacción con la vida es algo que protegemos inconscientemente y que nos hace seguir pensando que la vida merece la pena, es genética.

En su libro Los secretos de la felicidad Rojas Marcos defiende que vivir tiene sentido y que nuestro instinto natural es la felicidad  El truco que empleamos está relacionado con hacer comparaciones que nos favorecen: «Yo estoy en paro, pero fulanito tiene un cáncer», y diversificamos nuestras parcelas de satisfacción: «Esto me va mal, pero esto bien».

Lo que está comprobado, como dice Bernard Shaw, es que «las personas que funcionan bien en este mundo son las que al levantarse por la mañana buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran las inventan.»

Y si no entiendes nada, no te preocupes, no eres el primero. Ya Charlie Brouwn se preguntaba: “Mi vida no tiene propósito, ni dirección, ni finalidad, ni significado, y a pesar de todo soy feliz. No lo puedo comprender. ¿Qué estaré haciendo bien?”