¿PUEDEN COPIARSE LOS MONOS A 1000 KM. DE DISTANCIA?

La Naturaleza tiene todavía ases en la manga que no conocemos. ¿Es posible que todos los seres estemos conectados a una Intranet invisible en la que compartimos información?

Para que el editor de la prestigiosa revista Science, John Maddox, afirmara en 1981 que hay que quemar la obra de todo un doctor en Biología por la Universidad de Cambridge al considerarla una herejía, se necesita estar muy contrariado. Hablamos de Rupert Sheldrake y de su libro Una Nueva Ciencia de la Vida: La Hipótesis de la Resonancia Mórfica, en donde propone una visión de la evolución de la vida a través de su propia memoria inherente.

Rupert Sheldrake es uno de los biólogos más controvertidos de nuestra época y unos de los pocos científicos con la valentía de aventurarse más allá de lo que valida el paradigma científico. Sus teorías están revolucionando no sólo la biología sino que desbordan hacia otras disciplinas como la filosofía y la psicología. En su libro Una Nueva Ciencia de la Vida, Sheldrake se decanta por la corriente organicista y holística clásica, sustentada por nombres como Von Bertalanffy y su Teoría General de Sistemas o E.S. Russell, para cuestionar de forma tajante la visión mecanicista de la ciencia, en la que cualquier nueva teoría tiene que ser medida, pesada y demostrada a través de leyes químicas y físicas.

Sheldrake, en cambio, propone la idea de los campos morfogenéticos. Morfo viene de la palabra griega morphe, que significa forma, es decir, los campos morfogenéticos son campos de forma, patrones o estructuras de orden.

“Estos campos organizan no sólo los campos de organismos vivos sino también los de cristales y moléculas. Cada tipo de molécula, cada proteína, por ejemplo, tiene su propio campo mórfico – un campo de hemoglobina, un campo de insulina…
De igual manera cada tipo de cristal, cada tipo de organismo, cada tipo de patrón de comportamiento tiene su propio campo mórfico. Estos campos son los que ordenan la naturaleza. Hay muchos tipos de campos porque hay muchos tipos de cosas y patrones en la naturaleza…»

Los campos morfogenéticos o campos mórficos llevan información, no energía, y son utilizables a través del espacio y del tiempo sin pérdida alguna de intensidad después de haber sido creados. Son campos no físicos que ejercen influencia sobre sistemas que presentan algún tipo de organización inherente. El factor que origina los campos morfogenéticos es el hábito.

Estos campos son invisibles, como lo es la gravedad, pero pueden ser observados por sus efectos. Quizás una de las razones por las que la teoría de Sheldrake no es considerada seriamente por la ciencia establecida, es debido a que no postula la acción de una fuerza física conocida. Sin embargo, el hecho de que no podamos todavía explicar bien cómo ocurre algo no necesariamente significa que ese algo no ocurre.

Uno de los primeros experimentos realizados por Sheldrake consistió en enseñar a un grupo de ratas un aprendizaje determinado, como puede ser salir de un laberinto en un lugar específico, por ejemplo, Londres, para luego observar la habilidad de otras ratas en otro lugar, digamos, Nueva York, para salir del laberinto. Este experimento se ha realizado en numerosas ocasiones con resultados muy positivos.

La resonancia mórfica es un principio de memoria en la naturaleza. Es una memoria en la naturaleza basada en la similitud, y se aplica a átomos, moléculas, cristales, organismos vivos, animales, plantas, cerebros, sociedades y, también a planetas y galaxias. Así que es un principio de memoria y hábito en la naturaleza.

“Esta interconexión a distancia entre los miembros de un grupo, de una especie, de un reino, e incluso de un planeta, en diferentes niveles e intensidades, revela una nueva concepción ética que abarca todas las manifestaciones de la existencia”.

Para Sheldrake la transmisión de una nueva habilidad de manera horizontal, a distancia y difundida entre todos los miembros de una especie a través de la resonancia mórfica muestra una mayor eficiencia, tiene sentido evolutivo y posibilita la aceleración de un proceso de adaptación.
Otro ejemplo citado por Sheldrake es el de los famosos monos de la isla de Koshima, en aguas de Japón, conocido como el fenómeno del Centésimo Mono, un experimento realizado en Asia en los años 50’. Un grupo de científicos alimentaba a estos monos con batatas o boniatos sin lavar. Una hembra que respondía al nombre de Imo, descubrió que lavando la batata en el mar, además de perder la piel la molesta arenilla, el alimento tenía mejor sabor. Pronto todos los monos de la isla de Koshima aprendieron el truco. Pero, y esto es lo extraño, todos los monos del continente comenzaron a lavar sus batatas, a pesar de haberse evitado el contacto de los monos de Koshima, lo que demuestra la transmisión del aprendizaje de una comunidad de monos a otras comunidades. Es lo que se conoce como masa crítica.
El doctor Sheldrake, ha seguido haciendo experimentos que avalan la capacidad de la resonancia mórfica para transmitir información a toda la “especie”, lo que demuestra que estamos interconectados con otros miembros de un grupo social a través del campo mórfico del grupo.

Sheldrake no sólo se ha mantenido fiel a sus propias teorías, a pesar de las acusaciones de los científicos ortodoxos de introducir la filosofía en la ciencia o de vender humo metafísico, sino que está demostrando que lo ‘invisible’ puede explicar hechos concretos en nuestro mundo.

Imagen de Ernst Haeckel, Vía www.sheldrake.orgCon información de Red Científica